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Lenguaje, vida y oposiciones.

A pesar de lo que pudiera parecer, la sociedad actual está dominada por la escritura. Nuestra actividad cotidiana se Lenguaje, vida y oposicioneshalla continuamente rodeada de textos escritos, desde los libros de texto escolares o los diferentes exámenes que debemos afrontar a lo largo de nuestra vida hasta los prospectos de los medicamentos, facturas del banco, la declaración de la renta, los periódicos, convocatorias de oposiciones u ofertas de trabajo, etc. Y la sociedad de la información, a través de la informática e internet, ha incrementado aún más, si cabe, la importancia de la escritura; hasta el punto de que sobre el teclado de nuestro ordenador podemos reproducir en determinadas circunstancias (por ej. a través del messenger o de diferentes chats) el propio lenguaje oral.

Pero un acceso generalizado a las nuevas tecnologías ha traído consigo, además de innumerables ventajas, un gran problema de empobrecimiento de nuestra lengua. El frecuente uso de mensajes sms con abreviaturas imposibles, los foros de Internet, los chats,…están trayendo consigo un uso del lenguaje en que, por ejemplo, la letra h no existe; b/v se utilizan arbitrariamente, olvidamos la c/q para solo usar la k, etc. El problema es que estos errores, a fuerza de cometerse a diario, son trasladados luego involuntariamente a cartas que ya nadie escribe más que en el mundo laboral, a mails, a exámenes, y a todo tipo de textos en los que se exige un manejo correcto del castellano y de su normativa. Y más grave aún, si cabe, es el problema del limitadísimo léxico del que hoy en día se suele hacer gala. El tema de las faltas de ortografía puede ser solventado acudiendo a un buen diccionario o a correctores de texto (algo imposible de hacer, claro está, en un examen u oposición). Sin embargo, la falta de vocabulario (producto directo de lo poco que se lee hoy en día, de la falta de motivación y de ejemplo) limita nuestra capacidad de pensamiento. Efectivamente, el lenguaje es una de las capacidades más importantes que posee el ser humano, ya que a través del lenguaje conocemos el mundo que nos rodea, nos damos a conocer a los demás y aprendemos a conocernos a nosotros mismos. Por tanto, un uso defectuoso de la lengua provoca un conocimiento distorsionado del otro y del mundo. Leer bien y escribir correctamente suponen el único camino para recuperar la capacidad de pensamiento de una sociedad. Juan José Millás es consciente de la estrechez de habla de los españoles y ve un serio problema en el hecho de que miles y miles de personas se las arreglen con un vocabulario de 70 u 80 palabras. “La reducción del lenguaje estrecha el campo de la visión y el pensamiento, porque la lengua es un órgano de la visión. Cuando voy al campo solo, dada mi ignorancia, sólo veo árboles. Pero si voy con un experto, además veo acacias, pinos, álamos y robles”.

Por otra parte, puesto que la expresión lingüística necesita un proceso previo de ordenación de ideas, un mayor dominio lingüístico lleva consigo un mayor ejercicio mental, es decir, un mayor desarrollo de la reflexión y del sentido crítico.

Lenguaje, vida y oposiciones

De ahí el interés creciente que esta faceta del ser humano despierta hoy en día y de ahí también que el estudio del lenguaje rebase cada día más los ámbitos académicos. La mayor parte de las oposiciones a un empleo público incluyen un apartado dedicado a valorar las aptitudes verbales del opositor. Así lo hace la Administración General del Estado, universidades, muchos Ayuntamientos, etc. Tanto en oposiciones a plazas de Auxiliar Administrativo como en procesos selectivos para Cuerpos de mayor titulación. En estos casos se trata de exámenes de desarrollo, en aquellos de preguntas de respuestas alternativas, pero en todos ellos se valora el dominio de la Lengua como una faceta fundamental tanto a la hora de acceder a un empleo público como a la hora de desempeñarlo correctamente.

No hay duda de que la comunicación escrita domina gran parte de la actividad social y económica de nuestras vidas y es por eso que un texto “bien” escrito supone nuestra mejor tarjeta de presentación. Juan José Millás dice que “una sociedad que habla mal o que escribe mal no puede pensar bien aunque tenga los ojos azules y mida 1,80″, Millás asegura: “Cada palabra que se cae del vocabulario es como una pieza dental que se pierde. Con esos dientes que llamamos «palabras» masticamos la realidad para digerirla y comprenderla”. Efectivamente, la multiplicidad de textos escritos se refleja en un amplio arco de posibilidades que, a manera de ejemplo, por su importancia como medio de transmisión, podríamos ejemplificar en los llamados textos “expositivos” (exámenes, monografías, informes, proyectos, etc.) o en las cartas profesionales, comerciales y/o privadas.

En logos21 nos tomamos muy en serio el concepto de formación integral y no nos limitamos a proporcionar a nuestros alumnos una serie de temas que deben estudiar. Pensamos que esa “tarjeta de visita” que antes comentábamos es básica y fundamental, no solo para la preparación de una oposición, sino para cualquier actividad de nuestras vidas. Por tanto, cuando preparamos a nuestros alumnos para que se enfrenten a una oposición, nos esforzamos en proporcionarles las mejores armas a su alcance: las palabras.